Domingo XVII: COMERÁN Y SOBRARÁ



Pocos panes para mucha gente. La experiencia dice: no hay suficiente. El profeta insiste: “Dáselos para que coman”, pues es el Señor quien dice: “Comerán y sobrará”.
 
Si te pido que consideres el misterio, no es para llevarte lejos de las mesas en las que hoy falta el pan: es para que nunca puedas apartarte de ellas, pues el pan del misterio es la forma divina del pan de la solidaridad.

En el misterio, Dios te invita a la mesa de su pan, a que participes en el banquete de su vida. Allí, Dios mismo se te ofrece para que, conociendo su bondad y su fidelidad, su gracia y su misericordia, tengas vida eterna.

El pan en la mesa de Dios es uno solo, es Cristo, y todos, si creen, comiendo de ese único pan, se saciarán de misericordia, de gracia, de fidelidad, de bondad, de vida eterna.

No pienses que todos comen porque Jesús de Nazaret hace magia: todos comen porque Cristo se entrega. En efecto, el pan multiplicado por Jesús de Nazaret, significa el pan entregado que es Cristo, el Hijo único que, por la encarnación y la eucaristía, se nos ha dado para que, creyendo, tengamos vida.

Aquel pan, que representaba a Cristo, representa también a la Iglesia, cuerpo de Cristo, ungida por Dios para llevar a los pobres el evangelio, que es libertad para los cautivos, luz para el que vive en tinieblas, gracia para los pecadores, y también pan para los hambrientos.

La entrega de la Iglesia se ha hecho apremiante, el amor nos obliga a hacerla total, no porque los pobres tengan hoy más necesidad, sino porque a tu mesa han llegado más numerosos que ayer.

Por si alguna vez lo hubiésemos olvidado, es hora de discernimiento en las comunidades, para encontrar caminos hacia formas de ayuda, eficaces y respetuosas con la dignidad de quienes la necesitan.

Somos de Cristo: no hagamos magia; amemos. Verás que tus pobres “comerán y sobrará”.


Feliz domingo.

Domingo XVI: ÉL ES NUESTRA PAZ


Pues que es Cristo el pan que llevamos para el camino, y que él solo es el mensaje que hemos de anunciar, con él a solas nos hemos de quedar, “para descansar un poco”, nos dice él, para conocerle de cerca, nos pide el corazón.

Fíjate en lo que dice: “Venid a descansar un poco”. Un día, una mujer de Samaría lo encontró, cansado y sediento, sentado junto al pozo de Jacob. A la mujer, aquel sediento le ofreció de beber. Y a todos, agotado del camino y crucificado, nos ofrecerá alivio y descanso.

Hoy, en la eucaristía, nos retiramos con él, nos sentamos junto a él, escuchamos su palabra, gozamos de su presencia.

Él es hoy el pan de nuestra mesa, aquí te entrega su vida y te invita a entrar en su descanso.

Tu Señor es tu pastor, el que te conduce hacia fuentes tranquilas, el que repara tus fuerzas. Con él nada temes, pues su sola presencia te sosiega.

Te han unido a él los lazos de tu necesidad. Lo han unido a ti los lazos de su bondad y su misericordia.

Por eso, al que es tu pastor, lo llamas también ‘mi paz’ y, por la fe, has hecho en él tu morada: ¡Mi pastor, mi paz, la casa donde habito por años sin término!

Feliz domingo.

Domingo XV: BASTÓN, SANDALIAS Y CRISTO


El equipamiento está reducido a lo esencial, un bastón y sandalias, lo necesario para ir, conforme al mandato recibido, de pueblo en pueblo, predicando la conversión y la venida del Reino de Dios.

Se nos dice que, a sus discípulos, Jesús les dio autoridad sobre los espíritus inmundos. En virtud de esa autoridad, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

A los que encargó que no llevasen para el camino pan ni alforjas ni dinero, les encargó que, a los excluidos, les llevasen la misericordia de Dios y la salvación que de Dios esperaban.

Los discípulos del Resucitado, esos que no han de llevar pan para su propia necesidad, han de llevar, para los que tienen hambre y sed de la justicia, el Pan que ha bajado del cielo, y, para los que creen, han de llevar como bendición los bienes que, en la persona de Cristo, el Padre les ha ofrecido, pues en Cristo hemos sido elegidos, en Cristo hemos sido destinados a ser hijos de Dios, por Cristo hemos recibido la redención, el perdón de los pecados, con Cristo hemos heredado la gloria del cielo.

La pobreza del mensajero es condición indispensable para que brille la gracia del que lo envía.

Bastón, sandalias y un derroche de gracia; bastón, sandalias y una bendición que encierra toda clase de bienes espirituales y celestiales; bastón, sandalias y Cristo: eso es lo que el discípulo ha de llevar por los caminos del evangelio.

Feliz domingo.